LA IGLESIA
La iglesia parroquial de Santa María de Lluçà fue consagrada el año 905. Había sido construida, tal como dice el acta de consagración, por el presbítero Vinanza, y fue así que se restituyó el culto en un lugar donde ya lo había tenido anteriormente.
El templo, situado bajo el castillo de Lluçà, estaba formado por una nave con un pequeño crucero, en el que había un ábside central y una absidiola en cada extremo. La cabecera estaba rodeada por sepulturas antropomorfas. Esta iglesia desapareció a finales del siglo XII, al ser sustituida por un nuevo templo, más grande, que, si bien con muchas modificaciones, es el que ha llegado a nuestros días. Se habla de los años 1170-1190 como posible fecha de la construcción de la iglesia, por la gran cantidad de dejas que se hacen en Lluçà en este periodo. El templo fue originalmente construido con una estructura similar a la anterior, con una nave, crucero y tres ábsides. No se sabe cómo era el campanario, porque desapareció posteriormente. Es probable que los tres altares fueran originalmente dedicados a la Asunción de María, San Juan y San Miguel. En el 1270 ya había otros altares, como los de San Agustín y Santa Magdalena, a los que se añadió, hacia el siglo XIV, la advocación y el beneficio del altar de San Vicente, que fue trasladado desde la capilla redonda del castillo de Lluçà, que tenía esta advocación.

Pocas modificaciones se hicieron hasta el siglo XV, cuando los terremotos de los años 1428 y 1448 -que afectaron fuertemente Cataluña- derrumbaron la torre de la iglesia, el campanario y buena parte de las edificaciones monásticas. Las obras de reparación se iniciaron rehaciendo la vuelta de la iglesia. La construcción del campanario vino más tarde, en un periodo situado entre 1581 y 1661; fue construido en estilo barroco, con planta cuadrada y tres pisos, el último con cuatro ventanales para las campanas, y acabado en la azotea, con una barandilla de hierro fundido. En el siglo XVIII se reconstruyó la fachada -posiblemente hacia 1661-, conservando los herrajes románicos de la puerta a pesar de haber modificado el portal. También en este siglo se construyó la sacristía, se rebozó el interior de la iglesia y se vaciaron hornacinas en el muro para colocar allí altares laterales. Hacia 1765 se mutiló la absidiola izquierda para construir la capilla del Santísimo Sacramento, junto al campanario, y se decoró el interior del templo con molduras de yeso, siguiendo el estilo barroco. En el año 1936, con la Guerra Civil, desaparecieron los cinco altares que había en el templo: el altar mayor, el del Santísimo Sacramento, el de San Isidro, el de San Juan y el de Nuestra Señora del Rosario, así como todos los retablos. También desapareció la imagen de la Virgen de Lluçà, una talla de madera del siglo XIII que centraba la devoción mariana de los feligreses. Cuando se reparó el templo, se puso al descubierto el primitivo aparejo románico bajo las decoraciones de yeso.

En el Museo Episcopal de Vic se conservan tres obras de arte procedentes de la iglesia de Santa María: una cruz de altar, de la segunda mitad del siglo XIII, con la imagen del crucificado pintada directamente sobre la madera de apoyo, de estilo ya gótico, un revestimiento de altar, y una talla de madera. El revestimiento está formado por una mesa frontal y dos laterales, pintadas en la segunda mitad del siglo XIII. Los motivos de la decoración son marianos, con una imagen de la Virgen en el centro del frontal y con temas relativos a su vida pintados en torno a la imagen y también a los dos laterales. Parece que el frontal no es pintado por la misma persona que pintó los laterales, o, en todo caso, el artista experimentó una fuerte evolución pictórica entre obra y obra. Todas estas piezas conservadas en el museo tienen una reproducción instalada en la iglesia de Santa María.

Majestad de Santa Maria de Lluçà
Románico
Anónimo

Majestad de Santa Maria de Lluçà

Talleres de Vic
Segunda mitad del siglo XII
Madera de chopo policromada
Cristo (86 x 83,5 x 17 cm); cruz (149 x 109,5 x 2,8 cm)

Esta Majestad es una de las primeras obras de arte que entraron a formar parte del fondo del Museo Episcopal y se mostró al lado de los frontales románicos procedentes del Obispado de Vic en la Exposición Universal de Barcelona de 1888. La figura de Cristo aparece vestida con la túnica de color azul, y con los ojos abiertos con una actitud serena sin sufrimiento, propia de la iconografía del Cristo en Majestad desarrollada en Cataluña a partir de la segunda mitad del siglo XII. Esta iconografía representa el símbolo de Jesucristo triunfante sobre la muerte. La cruz, conservada fragmentada, lleva la inscripción latina «Jesús Nazareno rey de los judíos» en la parte frontal, y en el revés se representa la figura del cordero de Dios y el símbolo apocalíptico del buey de san Lucas.

Frontal de altar
Románico
Maestro de Lluçà

Altar de Santa Maria de Lluçà

Talleres de Vic
Segundo cuarto del siglo XIII
Pintura al temple sobre madera de chopo
104,5 x 178,5 x 6 cm (frontal); 102 x 107,5 x 6,5 cm (lateral); 101,5 x 107 x 6,5 cm (lateral)

La corriente italobizantina llegada a Cataluña alrededor del año 1200 se desarrolló en nuestro país hasta mediados del siglo XIII, y tiene en el altar de Lluçà el ejemplo más significativo del periodo final de este estilo. A diferencia de las obras conservadas del primer periodo de esta corriente, en el altar de Lluçà aparece una escena iconográfica nueva. Se trata de la coronación de la Virgen, muy utilizada en estos mismos años por el nuevo arte gótico francés. La gran calidad de esta obra ha permitido individualizar la figura de un maestro anónimo con una personalidad definida con el que se ha relacionado el frontal de Santa Magdalena de Solanllong (Ripollès), y dentro de su círculo las magníficas pinturas murales de la iglesia de Sant Pau de Casserres, conservadas en el Museu Diocesà de Solsona.

El frontal de altar está presidido por la figura de la Virgen con el Niño, de acuerdo con la advocación del antiguo monasterio mariano de Santa Maria de Lluçà de donde procede el altar. La madre lleva en la mano derecha la manzana del árbol del Paraíso, símbolo de María como nueva Eva, quien con su hijo redimió a la humanidad del pecado original. Cuatro ángeles con los nombres de los evangelistas –Mateo, Juan, Marcos y Lucas– sostienen la representación estrellada del firmamento con el sol y la luna, símbolo de la eternidad. En los cuatro compartimentos del frontal están las escenas de la Anunciación, la Visitación, la Adoración de los Magos y la huida a Egipto. En uno de los laterales se representa la escena antes mencionada de Jesús coronando a la Virgen con la inscripción «Regina Celorum», y en el otro lateral la escena de la Virgen rodeada de los siete dones del Espíritu Santo acompañada del apóstol Juan.

Virgen

Románico
Anónimo

Virgen de Santa Maria de Lluçà

Talleres de Vic
Segunda mitad del siglo XII
Madera de nogal con restos de policromía
96 x 35 x 35 cm

En Cataluña la veneración a la Virgen se extendió de una manera muy generalizada a partir de la segunda mitad del siglo XII gracias en parte a la devoción popular y a la gran difusión que hicieron de ella los monjes del Císter. Las vírgenes románicas más antiguas, como esta del monasterio de Lluçà, son representadas siguiendo el modelo iconográfico de origen bizantino conocido con el nombre de “Maiestas Mariae” o “Sedes Sapientiae” (Trono de la Sabiduría). Según este modelo iconográfico la figura de la Virgen hace básicamente de trono del Niño Jesús, hoy perdido, que originariamente estaba situado en medio del regazo de su Madre. Las grandes dimensiones de esta talla responden al hecho de provenir de un monasterio mariano, en este caso el de Santa Maria de Lluçà, en el que hacia el año 1160 se constituyó una canónica agustiniana, fecha que podría coincidir con el momento de la realización de esta escultura.